jueves, 1 de junio de 2017

Aprender francés

Paula es muy fina en español. Pide las cosas por favor y cede el paso. Pero aprendió francés leyendo a Rimbaud y siempre les suena a los franceses violenta, bella y mal puntuada.

Escribiente

   (Cuando antes de ponerme escribir decido hacer un poco de Baterbly)
   Me ayuda ver con mi caligrafía los poemas de otros, me permite tomar distancia de la autoridad innegable de la letra de imprenta y la encuadernación bonita. Al final, acabo haciendo míos, subjetivamente, los usos sintácticos y el ritmo. Es esa necesidad mimética del viento entre los pájaros, como un tarareo del que no recuerdas ni la música ni  la letra, y dudas si quizá te lo inventaste. Una especie de asimilación intuitiva de un arquetipo poético, que acaba configurando tu personalidad poética a través de las afinidades rítmicas e imaginativas. Y es que la construcción inconsciente de la personalidad no se acaba nunca. Suelo odiar vagamente a los Guillermos que se han ido sucediendo en el tiempo, pero uno acaba por darse cuenta de que en la tradición personal (como en la popular) hay cierta sabiduría acumulada en los aciertos y en los errores. Al final crecer es acumular incertidumbres. Toda una vida aprendiendo para llegar a la frase que tanto se te ha repetido (tan desposeída de un significado como un refrán) de que solo sé que no sé nada. A pesar de todo, empiezo a vislumbrar en mis pequeñas obsesiones, en ciertos temas recurrentes de mi carácter (vitalismo, aversión por lo triste), una personalidad, por desgracia, más definitiva.