miércoles, 27 de septiembre de 2017

El liante (filósofo) lía al liante (poeta)

 (Remanso)

Porque es posible que después de todos estos post, metamos las manos en los bolsillos de nuestro abrigo largo de poeta, anudemos nuestro fular de consagrado (el fular solo es un complemento que se compra en la sección de Popularidad), y nos demos cuenta de que nada de estas filosofías sirve para escribir poesía. Entre el corazón y el pulmón, entre el hígado etílico y la lengua ágil, aparece el duendecillo inexplicable que nos dicta bellos endecasílabos blancos. Y se ríe porque en la composición de poesía entra en juego el fenómeno más vulgar, concreto, que es el fenómeno combinatorio del lenguaje. El poder imaginativo de la Asociación. Los formalistas rusos vislumbraban que la originalidad consistía en una asociación intima entre objeto e imagen, cuanto más sutil y verdadera (palabra importantísima) más poético sería. Muchas son las críticas que han recibido los formalistas rusos. Se quedan, dicen los críticos, en la superficialidad gramatical, léxica, lingüística. Los críticos del formalismo parecen olvidarse de que el árbol de la sintaxis tiene unas raíces tan profundas y largas como la historia de las culturas. Hasta el funcionalista Georg Lukács acabó asumiendo partes del estructuralismo (formal) en sus explicaciones.
 
En cualquier caso, es cierto que hay poetas buenos sin poética. Para la poesía hace falta más la prestidigitación mental del pintor que el cerebro, vendido al peso en la lonja de los libros, del filósofo

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