miércoles, 20 de abril de 2016

La fábrica


     La Fábrica de Adultos Complutense está construida sobre una cuesta inclinadísima; los ciclistas (algunos hay) se ven obligados a bajarse y empujar la bici. Alvarito y Guillermito se emboban con los colores extravagantes de los chalecos. Acompaña al ruido metálico de la bicicleta un sonido de campanas de la capilla interior de la fábrica, que indica la entrada y salida del trabajo.
     Alvarito es un niño pelirrojo y rufián con aspecto de estar buscando siempre a su madre. Junto con Guillermito pasa por delante de la Fábrica de Adultos Complutense con la promesa de llegar al parque. Hoy, el padre de Guillermito, el señor Guillermón de Cela, alto cargo de la Fábrica, tiene una reunión extraordinaria: no es costumbre celebrarlas de día. Él atraviesa la puerta y mientras tanto Guillermito y Alvarito se quedan jugando en la acera un tanto aburridos, y divagan con la idea de que sería genial conocer al niño que dio la importancia que merecía al juego que consiste no pisar la línea de los adoquines.
     En la Fábrica Adultos Complutense se trabaja de noche, de doce a tres. En la Fábrica de Adultos Complutense, nada más entrar a la derecha, está el Departamento de Técnica y Optimización de Agarrado de Mejillas. Don Guillermón de Cela, responsable de dicho departamento, tiene en las manos callos grandes y blancos como la piel de un melón. Con una zancada decidida se dirige a la sala de juntas. Todos los pasillos huelen a alcanfor y a madera de nogal. Guillermon no saluda a los peones del departamento de R.I. donde se discute si romper-ilusiones es una ciencia o no. Al lado, en el de Anatomía y Autopsia de un Muertopordentro, se estudia cuánto puede durar un muertopordentro vivo, como un pollo sin cabeza; según los últimos experimentos es posible llegar a vivir 123 años, a falta de encontrar ser humano más viejo.
     En la Fábrica de Adultos Complutense se imparte y habla el idioma adulto. Guillermón de Cela pasea por el pasillo de idiomas, están dando clase.
     –Bla bla bla –dice el jefe desde su cátedra.
     –¿Bla bla bla? –pregunta el peón inquisidor.
     –BLA bla bla bla bla bla, bla, bla, BLA –confirma, sentenciando el jefe.
     En la fábrica de adultos hay otro departamento de cómo dejar las cosas para el último día, pero no me da tiempo de contarlo, si hubiera tenido un día más, quizás.
     En La Fabrica de Adultos Complutense está prohibido el culto a Peter Pan, las estampitas de Disney y la reproducción de obras de James Matthew Barrie. El 30 de abril de 2015 al cumplirse setenta años de la muerte del último heredero de Matthew, sus libros quedaron bajo dominio público, a la espera de que alguien (ajeno a la Fábrica) los publicara. No se conoce ninguna noticia más al respecto.
     Los académicos alrededor de la mesa leen el periódico. Guillermón de Cela acomoda su chaqueta en el respaldo y se sienta solemnemente. Lee en las contraportadas de El Mundo (Mundial) el último escándalo.
"Roto Maestre, ejecutivo de la Fábrica, entró en la Capilla de Campanilla, descubriendo su rostro lleno de arrugas.
     –¡Arrugas! ¡Arrugas! ¡Qué ordinariez! -gritaban los fieles- ¡Qué ordinariez!"
Fue un escandalo lleno de traumas cuyo final consistió en cerrar la Capilla de Campanilla. Ahora se comenta que a veces de día, cuando nadie está trabajando, se escucha un tintineo melancólico, se escuchan caer lágrimas de Hada.
     Comienza la reunión. ¡La Fabrica está en crisis! ¡Los peones están comenzando a tener hijos! ¡No hay marcha atrás! Antes de que sea tarde hay que hacer algo. En la reunión se debate si abrir una pequeña guardería inclinada en la planta baja o en el peor de los casos, reabrir la capilla. El jefe de los jefes, introduce el tema de la reunión:
     –¡Bla bla bla! ¡bla! ¡bla! dice enfadado el jefe de los jefes.
     Roto Maestre, soberbio, desde el sillón seis, se comporta como si no fuera con él.
     Alrededor de la mesa hay representantes de todos los departamentos: el de R.I., Mejillas, Idiomas, el de Orientación y Apoyo Psicológico Si el Niño ha Salido Tonto Que Se Le Va A Hacer e incluso se encuentra el ejecutivo del departamento para la Implantación Internacional de Sueños Costumbristas; este señor, Pepón de nombre, está especialmente distraído. Discurre el último caso de un peón.
     –He soñado que besaba las nubes. Necesito un justificante, tengo una nube en mi casa.
     Pepón de Toledo, alarmado, le dijo al peón que bla bla bla que bla y que bla y que dejara su espacio de trabajo durante dos días y añadió que intentara pensar en el Mercadona y en los domingos.
     El Jefe de los jefes da un golpe en la mesa gritando que deben centrarse. Las opiniones se cruzan y nadie escucha al otro. Guillermón de Cela se levanta firme, se acaricia la cara y con muchísimo esfuerzo (le cae una gota enorme de sudor por su frente), habla.
     -Señores Jefes y Jefe de los Jefes -dice aclarandose la voz con un carraspeo-. Esta institución se está viendo desbordada. Hay que tomar una decisión y hay que tomarla cuanto antes -se oyen murmuraciones: "qué barbaridad, un adulto hablando como un niño"-. Estoy cansado de que nadie afronte los problemas. Estoy casado de que cada uno entre y salga en su horario sin implicarse; o si se implica es para salir en los periódicos por un escándalo; odio blanquear los problemas de esta institución, odio luchar blandiendo el blason contra la blasfemia blanquecina de títeres blandengues blanc bla bla bla bla bla bla. -al menos lo ha intentado, hablar como un niño requiere un gran esfuerzo.
     En ese instante llaman a la puerta de la sala de reuniones.
     Todos pegan un leve respingo en la silla. ¿Quién será? Nadie hace el ademán de abrir. De Cela como ya está de pie, se acerca.
     –¡Qué hacéis aquí! ¡Marchaos! –susurra gritando mientras cierra la puerta cuidadosamente y hace aspavientos con las manos.
     –Papá, es que fuera nos aburrimos mogollón.
     –Bueno chicos id abajo que enseguida os llevo al parque.
     –¡Lo prometiste!
     –Sí, sí. Bajad.
     –¿Qué pasa ahí? ¿Eh, De Cela? –pregunta el Jefe de los jefes.
     –Nada, nada.
     –¡Sí pasa! Son niños, lo he oído desde lejos –los niños lo escuchan y zafándose del padre, entran en la sala de juntas. Un revuelo sordo se percibe en el ambiente. No pasa nada pero ahí no deberían estar.
     Cuando han entrado, roto Maestre ha sentido la necesidad envejecer de golpe, de permitir que su muertopordentro se hiciera cargo del de fuera. Todo el mundo guardó la compostura por dos minutos. Al tercero el revuelo fue máximo. Se canceló la reunión y se aplazó indefinidamente el debate sobre la guardería-capilla. La sala se ha quedado vacía; en ella solo están Guillermito, Alvarito, la mesa ovalada, las sillas que miran cada una para un lado y Guillermón. De Cela recoge el abrigo con la misma calma con que lo dejó. El chico, mirando levemente al suelo, desorientado por el revuelo, susurra a su padre.
     –Papi, ¿por qué trabajas aquí?
     –Mira hijo. Hay momentos en la vida en los que ya no te cabe el disfraz de dinosaurio o el de batman o el de vaquero. Asimilas que tu madre ya no te va a cortar las uñas nunca más y empiezas a sentir el gusanillo carnívoro del hambre que devora al gusanillo de la ilusión.
     –Jolín, joder, que asco de gusanos.
     –Ya... pero no digas palabrotas.
14/04/2016

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