jueves, 10 de marzo de 2016

Admed el poeta

     Admed hace unos de abajo hacia arriba y cuando forman grupos de cuatro, los tacha de arriba para abajo, le gustan expresiones occidentales como: “la mitad de la mitad” o “vamos a cambiar un poquito de tercio”. Al autobús se han subido tres viejas, tres desgracias, a la altura de la Place de la Bastille. Admed hace versos en su cuaderno de lomo amarillo y gomita para cerrar, el olor al fondo del autobús le evoca y las musas le hacen trenzas y le dictan versos y otras porquerías al oído, a veces hasta se le escapa una erección; la vida crece sobre el cieno de nuestros antepasados como un árbol retorcido sobre sí durante años buscando enloquecido la luz; con luz no le rima nada, lo dejará al aire que ahora los poetas finos dejan los versos así. Rimar le pone nervioso y cuando está nervioso se tira pedos. Vuelve a subir otra vieja; el transporte público a las diez es de los jubilados, los parques a las diez son de los jubilados, Paris a las diez es de los jubilados. Admed cuando un abuelo le pregunta y no sabe qué decir se tira pedos, el pedo empático del abuelo no falta, y sin querer el autobús, que es de los jubilados, acaba oliendo al final del trayecto a jubilado. “Blanco y en botella” es otro refrán que disfruta, no sabe si blanco se refiere a raza o a leche, últimamente tiene la idea de que él es negro por poco. Estudiar para la muerte es un aburrimiento, estudiar para matarse es un despropósito; pero más despropósito es la corrupción moral de occidente, no solo cuenta lo de Siria, si no mira como visten sus mujeres, como beben alcohol y se alimentan de cerdo los hombres. El refrán que más le gusta es “eres lo que comes”. Admed nunca mataría a una vieja, ya se van a morir, déjalos, deja que el peso de las pieles colganderas les arrastren a la tierra y en tierra se conviertan, en polvo que da de comer a la hoguera del mal y mantiene el calor de la constante negativa de la vida, después de este verso, tiene escrito, con letra gótica, una fecha: trece de noviembre y justo debajo más unos hechos de abajo a arriba y tachados cada cuatro. Solo queda un uno libre. Admed baja del autobús. Desde que llegó con tres años, en la esquina de la parada hay un librero de viejo, enfrente de Caudalie, tienda de cosméticos para ti y para tu madre, compra tres y te regalamos uno. En el paso de peatones hay un puñado de gente esperando. Él espera desde atrás, ve a quienes esperan como si él no esperase, ve a todos en fila como si fueran un muestrario de cabelleras, esto es la guerra, ¿lo hago ahora?, ¿aquí? Nunca le he visto a hacer ceros, nunca le he visto estudiar electrónica, estudiar electrónica para matarse es una letanía ronca, los detonadores son algo más que un botón rojo que pita, pitan también los semáforos para ciegos, ojalá ser ciego y no ver venir la muerte y si viene que me pille en la parte de atrás del autobús con sus aromas y sus porquerías, que si la veo venir me mato yo; los detonadores tienen sus multiplexores, sus circuitos magnéticos y su lógica binaria, unos y ceros. La vida y la muerte también es binaria, como el detonador, el pitido del detonador, el semáforo o el que ve y no ve. Estudiar para matarse es una corona de espinas de oro, y al final cuando estudias para matarte todo parece igual, todo sabe igual, te acercas al mundo de las ideas y de ahí no sales ni aunque el viejo de la calle tercera al subir al bus se tire el pedo más descomunal, aquel pedo que se tiró en navidad tras la comida de su señora.
     Admed se queda quieto en mitad del portal, contiguo a la tienda de cosméticos, pensativo, en ideas.
     –¡Eh tú! ¿Vas a pasar o qué?
     Admed se aparta. El vecino susurra, ya alejándose,
     –Moro de mierda.
     Qué he hecho, bueno, no importa, queda un día.
     Los treces de noviembre son iguales que los doces o los onces, solo cambia el tiempo y las ganas de vivir, pero ahí siguen las tres desgracias, el mismo conductor de autobús, el mismo abuelo de la calle tercera. A quien madruga Dios le ayuda, Admed hoy madruga para finalizar el poema, para despedirse de las musas de la línea tres. Los treces de noviembre son iguales para todos menos para Admed. Ya son las diez, esta vez de la noche, tiene el cinturón, el detonador y la ayuda de dios; tras un pedo entra, arriba pone “Bataclan”.

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